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lunes, 3 de noviembre de 2014

Paradojas de la vida social.

Si bien me encanta la vida social con los amigos de mis papás,  y me gusta que me lleven a sitios y me río y disfruto y juego y conozco "pishas" de mi edad, me he dado cuenta de que me cansa más de la cuenta las neuronas. Será por la tensión que siempre hay en la vida social entre lo que uno es y lo que quiere ser, entre lo que uno siente y lo que uno siente que los demás perciben sobre uno y las conclusiones que estos extraen de su observación. Uno se cree que es libre, pero nunca lo es del todo en sociedad. Solo se es libre del todo en el propio sofá, sin testigos.

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